Cambio de cromos Hermitage-El Prado

7 Feb


De museos va la historia. Primero, una buena noticia para el arte contemporáneo, y por fin cierto grado de actividad dentro de ese banco rojo con mucha publicidad y malas crónicas de los clientes, el Banco Santander. Lo del color rojo igual es un aviso… dicen. Luego, por supuesto, por cada cliente hay una historia. Resumimos la noticia que aparece en El Corso.es:

‘Espíritu y Espacio’ es el título de la exposición que, del 9 de febrero al 29 de abril, organiza la Fundación Banco Santander en la Sala de Arte de la Ciudad Financiera de Boadilla del Monte (Madrid) con los fondos de la Fondaziones Sandretto Re Rebaudengo. Son 124 piezas y 69 artistas de una veintena de países distintos, escogidas en base al criterio y la pasión de la propio Patrizia Sandretto, directora de la fundación, y con la intención de promover artistas, involucrar a más gente en el arte contemporáneo y colaborar con otras instituciones.

Habrá que moverse, porque Boadilla está donde Cristo perdió las zapatillas y se las encontraron los Monty Python, así que paciencia.

La otra es el intercambio de cromos, eso sí, siempre temporalmente, entre el Hermitage y El Prado. El primero es un museo peculiar, que se alimentó con las compras de los zares primero y luego del saqueo de las tropas soviéticas entre 1944 y 1945 en su avane sobre Alemania y todo el este de Europa. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas obras de arte robadas en busca y captura se almacenen en los sótanos de este museo de San Petersburgo: muchas, sin duda, porque los rusos no dejan entrar ni a las moscas en esas galerías, por miedo a que los judíos y cristianos de medio mundo reclamen lo que es suyo.

El otro, El Prado, el templo, se formó con las compras estatales: primero de los Habsburgo, luego de los Borbones y después de los sucesivos gobiernos democráticos o no democráticos. Es un tesoro nacional sin precio alguno que va a ceder parte de nuestro patrimonio para exposiciones temporales a cambio de las piezas del Hermitage. Sinceramente: salimos perdiendo, pero es un gesto entre dos de las seis mayores pinacotecas del mundo que abre puertas a la convivencia cultural. Igual entre lo que llegue de San Petersburgo se cuela algo interesante que estuvo alguna vez en manos del mayor ladrón del mundo, Hermann Göring, que se hizo su propio museo de pintura a punta de pistola.

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