Archivo | enero, 2011

De John Barry al ABC

31 Ene

Ya hemos pedido perdón tantas veces que mejor no hurgar: pero tenemos que volver con un RIP más y un par de recomendaciones. Descanse en paz uno de los hombres que pusieron sonido de fondo al cine de los años 60 y 70, en parte responsable de ese soniquete pop y lounge de decenas de películas de ambas décadas. John Barry, padre también de la sintonía original y de muchas de las BSO de la saga James Bond. Un final que deja huérfanos los oídos. Suyas fueron las BSO de ‘Memorias de África’, ‘Bailando con lobos’ o ‘Cowboy de Medianoche’.

El par de recomendaciones: el Museo de la Ilustración de ABC junto a Argüelles, en Madrid, un repaso a la Historia del semanario ‘Blanco y Negro’ y también al devenir histórico de España en esos cien años y pico de existencia periodística. Desde el novecentismo inicial al Mingote de todas las épocas.

Segunda recomendación: el ‘Diccionario de literatura para esnobs’, un canto al elitismo del conocimiento que en sociedades abotargadas como la nuestra, donde el miedo a destacar por el intelecto es un pecado inasumible por el resto de la manada. Escrita, por supuesto, cómo no en este tipo de temas, por un francés, Fabrice Gaignault

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Aplauso para Álex

26 Ene

El gremio del cine español empieza a comprender, a hostia limpia (con la mano abierta, dejando marca), que vivimos en otra era en la que los latigazos no sirven para nada. Álex de la Iglesia, en un ataque muy personal de sentido común, pragmatismo e inteligencia, se dio cuenta de que luchar contra la Red es como meter el mar en un cubo de plástico y ha dimitido. Además, ni los internautas son desdentados y curtidos marineros con garfios ni los autores son totalmente dueños de su obra. Mucho más los músicos y los cineastas. El resto, puede; ellos, no. 

Dimite y se va porque habló con el otro lado, porque se dio cuenta de que se estaban cometiendo excesos, porque se percató de que González-Sinde es de largo la peor ministra de Cultura de la historia de la democracia española, incapaz de consensuar nada, escorada hacia el bando de la ley represiva y de los intereses de las majos americanas. Y al final, ¿quién iba a pagar el pato? Pues los de siempre, los usuarios. La Innombrable ya ha empezado a recular, consciente de que cada cual recoge sus soplidos en forma de huracanes, y  mucho más cuando el viento viene de un pueblo hasta las pelotas de tener que soportar a cuatro tarugos que piensan que seguimos viviendo en la era de Gutenberg y del CD. 
¿Por qué la piratería es más fuerte en España? Pues porque en el mundo civilizado la música y las películas tienen pactos comerciales para venderse por la red a precios bajos. Y ya está. Ganan todos. Si alguien puede gastarse 20 euros en iTunes comprando 20 canciones distintas a poco menos que un euro, y lo hace, ¿por qué no se lo gasta en un CD? Pues porque ese modelo de negocio está muerto, tanto como la música de Alejandro Sanz y compañía, que presumen de ser abiertos y cosmopolitas y luego reaccionan como los patrones del siglo XIX cuando les tocan el bolsillo: a palos. Aplauso cerrado pues para De la Iglesia, que le ha echado bemoles. Todo lo demás es ruido de fondo. 

Saber es poder, salvo por aquí

24 Ene

¿Qué es mejor, leer sobre los orígenes del hombre, sobre los caminos que toma el arte contemporáneo o sobre cómo el teatro es ya el refugio escénico de muchos espectadores o sobre qué día y quién inicia las obras de un edificio en una calle cualquiera de una ciudad cualquiera? La propia pregunta ofende al oído, pero aquí no somos objetivos. Al periodismo, salvo en los medios grandes o con miras grandes, no interesa ni lo más mínimo la cultura, la educación, las artes o la ciencia (que nosotros entendemos como un todo global), ocupan el espacio que dejan vacío otros campos más interesantes: en los medios nacionales la lucha partidista, las cifras económicas o las polémicas sociales; en los medios pequeños, el urbanismo, la servidumbre al cacique municipal de turno o los sucesos. O el espacio para columnistas supuestamente provenientes del mundo cultural pero que sólo rebuznan sus frustraciones sin dar nada más que coces: dar ideas o intentar que el público sepa algo más es para Diego A. Manrique.

España se llena de eunucos mentales más propios de la Ciudad Prohibida que de empresas, que no ven más allá de la escasa formación recibida en universidades que estafan a sus alumnos haciéndoles estudiar cuatro o cinco años lo que podrían aprender en dos, o incluso en uno. Ni el oficio es culto ni se le esperan grandes destellos de inteligencia. Mucho más cuando la industrialización de la información ya no deja espacio para reinvindicar nada parecido al servicio público. El capital manda, no por mezquindad, más bien por pura inercia. Existen encorbatados opulentos que censura, cierto, pero es bastante menos su efecto que el “dejarse llevar” diario en el que parece que se impone la idea más populista. Porque hay que vender.

La cultura se queda sin espacio, en la línea de los temas de educación y de ciencia, subordinados muchas veces al mercadeo tecnológico que tanto tirón tiene. Interesa más un bache en una avenida que un nuevo libro, vende más un muerto con sábana enrojecida por la sangre que el conocimiento, que nos hace libres; es mucho mejor patalear por unos folletos de arte contemporáneo del DA2 subidos de tono que interesarse de verdad por los talleres infantiles que han educado a cientos de niños. Sangre, sexo y sumisión antes que arte y conocimiento. No ya exposiciones, también ciencia, esa niña apaleada de la sociedad española, maltratada en todos los medios salvo en elmundo.es y esporádicamente en ‘El País’ o ‘ABC’. Esas carencias afectan luego al propio desarrollo cultural, porque la atención queda siempre en lo mismo. Y afecta a la educación, convertida en un mero sistema de baby-sitter para menores de 18 años más que en el horno para cocinar futuros buenos ciudadanos. De estos polvos luego salen las riadas de lodo intelectual que rellenan redacciones y empresas.

La concha perdida

22 Ene

Nada mejor para generar nuevo patriotismo barato que el patrimonio artístico. Una vez superados los tópicos nacionalistas, ideológicos y religiosos, en algunos lugares parece que no hay mayor patria que un edificio del siglo XVI. Lo de la Casa de las Conchas es un orgullo, pero que recordemos hay otra parecida en un pueblecito leonés, pero bueno… es otra historia. Lo que no es un topicazo es la facilidad del Ministerio de Cultura para perderse en sí mismo. Entre unos jefes de prensa que se pierden entre informes que no son suyos, empresas que practican la omertá para evitar perder un contrato público y los zizañeros que se consagran a esa nueva religión de petrófilos en forma de asociaciones de amigos del patrimonio, van a conseguir que acabemos el resto tirándoles cócteles Molotov a la Clerecía y cualquier cosa con más de 200 años. Con lo bonito que es el aluminio y el cristal… o no. 

Cuando una región no tienen industria, dicen, tiene turismo. Castilla y León tiene mucho de eso: arte, historia, gastronomía… cosas mayores, pero también menores. La progresiva desindustrialización de España en favor de un modelo de economía de servicios a otros tiene este tipo de cosas. El turismo como la panacea, como el Santo Grial, la cultura como un producto más y no como un añadido de valor a una sociedad que merecería mucha más cancha. La economía del conocimiento es el futuro, pero aquí sólo existe la economía del paseo: El Prado, el Thyssen, la Casa de las Conchas, las rutas gastronómicas y del vino… Navarra, Euskadi, Cataluña y Madrid son las regiones más ricas de España. ¿Razones? Puede que muchas, pero no es casualidad que sean las que más invierten en investigación, en educación, en tecnología, y las que tengan registradas el mayor número de empresas de ciencia y tecnología. En este mundo no hay casualidades, sólo efectos colaterales de buenas y malas decisiones. Mientras tanto, la Casa de las Conchas sigue sin una de ellas. No se nota mucho, pero… algunos ya tienen bandera bajo la que marchar al paso, o para quejarse, con razón, por cierto. 

Barcelona Negra

20 Ene

No hay muchas cosas más transgresoras que el crimen, y cultivarlo ya es todo un arte. “Crímenes de papel”, que dicen los policías de verdad; “papel para matar y criticar”, dicen los escritores. BCNegra 2011 es otra cita más del panorama de un género que revienta por lo que vende y el peso social que tiene ya. Dijo un crítico que la serie negra, la novela negra, lo que puñetas sea más el adjetivo “negro o negra” ha conquistado el mundo desde los metros y los autobuses. De literatura de género tomada como de serie B a ser el salvavidas de muchas editoriales. Porque todos sabemos que la literatura por la literatura es fuego fatuo que sólo leen un puñado, o todos, pero cuando son clásicos, lo que suele suceder demasiado tarde para el gusto del autor. Barcelona se rinde a su gurú del género, Manuel Vázquez Montalbán, hombre de aspecto tristón, casi en blanco y negro eterno; y el resto del país, desde Getafe a Gijón o Salamanca (esperanzas puestas en el Congreso Negro, diminuto pero resistente ahora y siempre al invasor del desánimo), le promete al finado un ciclo de cine y menús especiales en varios restaurantes. Una alegría de vivir en el crimen, con la librería Negra y Criminal al frente y muchas esperanzas de que los rincones oscuros del alma sobrevivan a los palos de la falta de dinero. De momento, del 31 de enero al 6 de febrero en BCNegra 2011

Albert Boadella dice que somos calvinistas

18 Ene

Frase de nuestro querido (sean cuales sean sus neuras, manías y apetencias políticas) Albert Boadella. Siempre nos ha gustado ese espíritu de mosca cojonera, como de bufón abofeteador de esta España llena de prohombres cobardes al buen estilo de Maupassant. Dice esto el interfecto: “Nos estamos convirtiendo en un país prácticamente luterano o calvinista. Va desapareciendo nuestra civilización mediterránea y entra el puritanismo de las grandes potencias”. ¡¡Ojalá fuéramos un país algo más puritano pero protestante!! Con doble signo de exclamación. El calvinismo, y por extensión todo el protestantismo de raíz germánica (el anglicanismo algo menos, el baptismo es casi una broma…), tiene el efecto perverso del puritanismo, si bien el mayor país calvinista del mundo es Holanda, patria del vicio y el fornicio legalizado, así que tampoco sería tan malo: a mayor prohibición, más gusto en trasgredir. 

Si fuéramos protestantes habría mayores mecenas, más amor por la cultura y la ciencia, probablemente un sistema educativo más estricto y eficiente, también es probable que hubiera menos corrupción o cuando menos estaría menos tolerada, y sin duda alguna el espíritu de sacrificio en el trabajo estaría presente en cada rincón. Básicamente, España no sería España, sería otra España, más eficiente, más culta y más germánica. Mejor, vamos. Civilización mediterránea sólo ha habido una, la grecolatina, porque el resto ha dejado rasgos pero no ha dominado de verdad. Somos el pálido reflejo de aquel mundo, y aunque hemos mejorado muchas cosas de ellos, nuestro anhelo europeo de ser de nuevo Grecia y Roma juntas se esfuma. Para ser un país mediterráneo amante de la vida y luego estar cargado y lleno de prejuicios y de malos hábitos, sería preferible ser una república calvinista como Dios manda. ¿O no?

El refugio de la ópera

16 Ene
No deja de ser curioso que sean los cines los que más hacen por evitar que la ópera desaparezca en España. Aumentan las retransimisiones en directo o pregrabadas de los grandes estrenos allí donde sí llenan y tienen un público ferviente (Italia, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Rusia), como hacen en Salamanca los cines Van Dyck. Con apenas cuatro auditorios en condiciones en todo el país y no demasiado público, se hace muy complicado sacar adelante el que es el mayor espectáculo escénico imaginable, uno de los pocos capaces de aunar música, arte pictórico, teatro e incluso danza en una sola obra.

Pero en España siempre ha existido este tópico de que la ópera es para ricos, un tic burgués que sólo demuestra que para algunos el arte y el conocimiento están por debajo de sus condicionamientos sociales. La música es universal y no admite fronteras económicas, políticas o ideológicas. Como la ópera era consumida en masa por la burguesía, como un signo de distinción artificial, las partituras y la música pasaron a ser un productor por y para ricos. Ese salto es falso, hipócrita y un error más de una izquierda que se alejó de sus raíces ilustradas para sumirse en la masificación cultural. Quien ata las artes por cuestiones políticas, como hacen PP y PSOE allí donde gobiernan, demuestra su cortedad y su mediocridad. Por eso la empresa privada es tan necesaria, para rellenar el hueco que dejan programadores y técnicos que miran la pela par acontentar gusto peregrinos en lugar de hacer pedagogía y educar. Y para botón de muestra, miren dentro del Liceo…