El portazo de la danza

8 Ago

La danza es un arte estético, tan antiguo como el mundo pero al mismo tiempo el más leve e impreciso de los actos de creación artística. No transmite conocimiento, no crea objetos que aumenten su valor con el paso del tiempo y se ciñe exclusivamente a la fusión de música y movimiento anatómico. Con todo eso, no es de las artes supremas, esto es, del Parnaso siempre será la hermana pobre. Espectacular, sí, pero siempre con la mano extendida en el Olimpo.

El mismo Olimpo que vio partir a uno de sus grandes sacerdotes, Nacho Duato, uno de los grandes de su oficio que acabó hasta las narices de la burocracia del Ministerio de Cultura (da igual quién esté, al parecer…) y de los nuevos códigos “de buena conducta” que le obligaban a ser como el resto independientemente de sus méritos. Esto es, que el Ministerio ha cambiado el toque meritocrático del genio por el toque de la normalidad democrática liberal. Esto es, más justicia a cambio de perder talento. Sea como fuere, Duato ya es el jefe del Teatro Mijailovsky de San Petersburgo, uno de los grandes centros líricos y de danza del mundo. Allí, en Rusia, donde la danza es una de las grandes artes en detrimento de otras (cada país tiene sus talentos, claro está) es adorado como un semidios, y el divismo característico de Duato (más allá de reconocer su valía) será bien entendido y recibido. Duato parece ser el típico hombre-obra, es decir, que lo que él considera creación abarca toda la vida y lo ocupa todo. Es un artista imperialista, que imprime su sello a todo lo que hace, de tal forma que todo debe girar en torno a él y su idea. Así que Duato se va dando un portazo, diciéndole al Ministerio que él se va de la Compañía Nacional de Danza después de 20 años y que se metan sus códigos por el… orgullo funcionarial. De todas formas, en España la danza es menor, así que no se notará, y mucho más en un país obsesionado con los escritores, los pintores y los arquitectos como éste, donde sólo ahora el cómic gana peso y el cine siempre ha sido el tonto de la familia, o mejor dicho, el rarito al que se mira mal… Ciao, Nacho. No guardes rencor. No sirve de nada.

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