Cristo en pelotas

15 Dic

En sus ensayos sobre la tolerancia, John Locke (el filósofo, no el personaje de ‘Perdidos’ – porque sí, hay gente que los confunde por el nombre… Dios…) afirmaba en un rinconcito convenientemente oscurecido que “no habría que permitir el derecho a voto a los católicos” en Inglaterra. Las razones para una afirmación así, hoy ya un chiste jacobino que a muchos nos hace gracia (a otros no, pero el sentido del humor y la Fe no van de la mano…), eran que los católicos seguían a pies juntillas los preceptos del Papa de Roma, que se metía en política y economía. Por lo tanto no eran ciudadanos de fiar porque su lealtad no estaba con el Rey, con el Parlamento o las Leyes inglesas, sino con sus creencias. 

Contamos esto por esta cuestión de los crucifijos y cómo las instituciones de Castilla y León, radicalmente católicas, se pasan las órdenes de Bruselas por el arco del triunfo de Trajano. Tiene mucho de cuestión cultural y política y muchísimo menos de religiosa. Somos todos, en la inmensa mayoría, “culturalmente cristianos”, pero no de ejercicio o de pensamiento. Vivimos una etapa posterior, una especie de poscristianismo en el que reconocemos determinadas fiestas y ritos sociales (matrimonio, comunión, bautizo, fiestas religiosas) pero no el dogma. Es decir, que nos quedamos con una carcasa vacía muy útil socialmente pero poco más. 

El propio Locke aseguró que la religión era un tema privado porque “afecta solamente a la relación del hombre con Dios, no a las relaciones humanas”. De ahí tira un poco más y asegura que esa vinculación individual (muy en la línea protestante) libera al ciudadano de obligaciones disciplinarias más allá de las que se imponga a sí mismo, y que “no hay base bíblica para un estado cristiano”. Lo entrecomillamos para que así quede clarito y meridiano que una vez más los seguidores de San Pedro han dejado a Cristo en pelotas. Si el estado se propone (y si no, al tiempo) prohibir todo símbolo religioso fuera de la esfera privada, ¿por qué permitir entonces el crucifijo? Ya lo dijo Erasmo de Rotterdam, “Dios no está en las estatuas y las cruces”, sino en el corazón y la mente de cada uno de nosotros. Los verdaderos cristianos no necesitan parafernalia, los que prostituyen al nazareno y lo dejan en cueros sí que los necesitan. 

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