The Big Bang Theory

19 Sep

Lo bueno de que el 25% del universo mental conocido del Equipo sea un freak de tomo y lomo es que ciertas cosas las captamos antes que nadie. Siempre queda ese regusto infantil de decir “¡¡yo prime, jajaja!!” bien alto. Hace como cosa de un año llegó a nuestras manos una recomendación de un tarado ocasional: ‘The Big-Bang Theory’, una serie sobre los geeks y freaks americanos, sus pasiones humanas (personificadas en la aspirante a actriz del piso contiguo donde viven o se reúnen todos) que empezaba a levantar el vuelo en EEUU y en los canales de la TDT. Concretamente en los dos de Antena 3, que compró los derechos de emisión y que ahora empeiza a soltar algunos en sobremesa. Eso sí, lo más probable es que como no responda el público a la primera la manden de nuevo al canal Nova y a tomar por saco la bicicleta: vale más una maruja satisfecha (que ve anuncios) que no a esa burguesía rojo ferrari tan exigente y snob (a mucha honra, por cierto, según algunos). La cuestión es que los vimos en inglés subtitulado y luego en español. Los guiños cómplices son inacabables.

Básicamente: si no has visto Star Trek, leído ciencia-ficción, cómics de Marvel o DC, si no has jugado nunca al Halo o no has estado en tu vida en contacto con Dungeons & Dragons, entonces estás perdido. Esta serie, que recomendó hace muy poco Menudina (tiene un gusto refinado para la ficción en TV la niña), es un tributo cultural a una parte importante de la generación alentada en los 80 y 90 y que vive en un bucle cerrado, en un mundo donde las neuronas pesan tanto como las hormonas y donde es fundamental ser un iniciado. De lo contrario no le verá el espectador la gracia ni aunque se la señalen. Así entenderán por qué Sheldon (la nueva versión extrema del siglo XXI, y no judía, de Woody Allen) casi tiene un orgasmo cuando la vecina le consigue una servilleta firmada por Leonard Nimoy y con sus mocos; por qué se gastan 400 dólares en una reproducción exacta de la máquina del tiempo de H.G. Wells, o por qué Halo es como la Ilíada y la Odisea juntas al alcance de un botón. Totalmente recomendable, y el que consiga las temporadas en pirata que avise a los demás, que todos tenemos derecho a reír. Y pensar que todo esto empezó con Matthew Broderick y ‘Juegos de guerra’…

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