Sobre Lisa Simpson, la crisis y el arte contemporáneo

17 Sep

Cuando Homer Simpson dijo que la crisis iba a llevarse su trabajo por delante, su vástaga luminaria Lisa le dijo que en chino la palabra crisis se escribía con los mismos ideogramas que se usaban para decir “oportunidad”. Homer miró al techo y contestó: “Sí, es cierto Lisa, crisistunidad”. Bromas aparte, lo cierto es que siempre son los más débiles los que sucumben primero, igual que en las guerras y catástrofes: trabajadores poco cualificados, los que tienen contratos temporales, la educación y la cultura. Un ejemplo: los galeristas concentrados para la Noche Blanca en Madrid reconocen que el negocio del arte puede haber caído hasta un 40%. No hay clase media detrás de las compras, sino la burguesía potentada que pierde dinero, pero no ritmo de vida. Alguien que se saca 50.000 euros limpios al año puede perfectamente gastarse 6.000 en obras de arte que, como los barcos, aumentan su precio cada año o cuando menos lo mantienen, de forma que la inversión es segura. Vale: venden menos, pero siguen adelante. El problema es en la cultura pública, que pasa la factura en los presupuestos. Un ejemplo es el DA2 salmantino: donde antes hacían hasta 15 exposiciones anuales entre grandes y pequeñas, ahora sólo hacen cinco, y algunas, como la de Marc Bijl, duran hasta cuatro y cinco meses. La razón es obvia: hay menos dinero, menos exposiciones, más tiempo de muestra para poder rentabilizarlas. Eso, y el recurso a los artistas locales (más baratos, salvo Marty), son las señales de que el sistema ha metido la hebilla un poco más. Y seguirá así hasta que la bonanza vuelva, pero no se hagan ilusiones. Salamanca no da con la llave para universalizar su oferta cultural, en manos públicas en un 90%: por enésima vez, hace falta dinero privado, inversores, expertos en gestión de la industria cultural que se las ingenien para sacar adelante algo más que no sea el manido teatro de calle de poco calado y el prototípico ciclo de teatro o cine. Hacen falta festivales integrales que supongan una salida lúdica, donde la cultura entre por los ojos y consiga, ahora sí, que Salamanca haga suyo ese invento. El Festival de las Artes se ha hundido por esa falta de feeling, pero claro, es que tener química con una población con gustos tan bajos y poco arriesgados… ¿Será verdad eso que dijeron en Radio Salamanca de “bienvenidos a Paletolandia”? Lisa Simpson tenía razón: es una oportunidad única, cuando todo se desmorona.

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