Buenamadre tenía razón

14 Sep

En su día, allá por 2001, el ínclito Jeremías Buenamadre, seudónimo de un periodista con muy mala baba de un periódico nacional, escribió una serie de puyas sobre el oficio, todas ellas productos de su acidez de estómago. El verdadero hombre que se esconde tras el seudónimo se retiró a un hotelito rural y hoy es feliz y le ha vuelto a salir pelo en la cabeza.

1. El periodista es libre de escribir lo que quiera siempre y cuando no joda a la empresa, a los anunciantes, a sus jefes, a sus suscriptores, a las asociaciones profesionales, a las minorías, a las instituciones o a los lectores. Es decir: NUNCA.

2. El periodista no puede, ni debe, confiar nunca en las instituciones, ni en las empresas, ni en los partidos, ni en los sindicatos, ni en sus compañeros: todo el mundo miente. Salvo la madre de uno/a, y a veces ni ella.

3. Como no hay sindicato profesional sino una asocación que es una tapadera para pagarse el médico y las entradas a las corridas de toros, el periodista es lo más parecido a una prostituta que cobra, con suerte, mil euros al mes. Si cobra más es que es una puta de lujo.

4. El periodista es un mamón por naturaleza, y normalmente aparca los principios cuando hace falta engatusar a alguien: esto es, ordeñar a las fuentes.

5. Hay tres oficios donde se tiende manera natural hacia el corporativismo exacerbado: policías, médicos y periodistas. Si le pegas a un policía te cae encima la del pulpo; si un médico la pifia, todos le cubrirán las espaldas (ya saben, hoy por ti, mañana por mí); si le sacudes a la prensa, ten por seguro que irán a por ti como lobos y te darán donde más duele, la familia y el bolsillo.

6. El periodista es un mafioso por naturaleza: vive de favores, dados o recibidos, y su primera reacción ante un suceso siempre es sacarlo antes que el resto. El compañerismo funciona siempre y cuando el beneficio común sea mayor que el personal. De lo contrario, vas listo.

7. El becario es el nuevo esclavo: cuestan poco, se les puede exprimir con la excusa de que deben aprender y son de usar y tirar. En caso de que sea alguna chica (o chico, cada vez más) con la moral distraida, incluso pueden ser fuente de cierto tipo de vicios temporales. El día que los becarios hablen de sus experiencias abiertamente y den nombres media profesión se vendrá abajo, naturalmente cazados por la otra media.

Había muchas más máximas sueltas por ahí, pero estamos en horario infantil y no es plan. Por cierto, si su hijo le dice que quiere ser periodista, péguele hasta que se le quiten las ganas. A no ser, claro, que sea usted un ingenuo o quiera ver a su hijo convertido en un cazador de cabezas. A algunos les gusta. Y sí, en el Equipo hay periodistas algo quemados, ¿no se nota? (Risas).

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