Salamanca es como las calles de Nápoles…

27 Ago

Periodismo taurino: la selva. Somos unos ingenuos. Un amigo de un colaborador, que a su vez es amigo de otro, nos contó un par de historias negras del periodismo taurino en Salamanca. Después de contrastarlas han resultado ser ciertas. Vamos, que nosotros pensando que había más de literatura que de narración en los artículos sobre la fiesta de los toros y resulta que son igual de vendidos, mundanos y oscuros que el resto de plumillas. Cada vez que nos acercamos al periodismo es como jugar a las cartas con Magoth: siempre rezando para que con el último as no empiece el fin del mundo. El periodismo taurino en Salamanca es Nápoles. Mejor dicho, es el barrio más sórdido donde la Camorra campa a sus anchas. Detrás de cada artículo parece ser que palpita un Carlo de medio pelo esperando con la pistola a que al pobre diablo asome las narices. Y si eres mujer, entonces apaga y vámonos. Por cada insulto a una periodista taurina por el mero y simple hecho de tener ovarios en lugar de testículos es una demostración de tres cosas: 

1. Machismo rampante que no hace ningún bien a la imagen social y cultural del mundo de los toros. Vosotros seguid así y veréis como en una generación os dirán eso de “Sois peor que Hitler”. 2. Una total falta de inteligencia. Las mujeres son el 50% de la humanidad, así que por pura lógica matemática hay tantas mujeres geniales como imbéciles, igual que con los hombres. Insultar a alguien por ser mujer es injusto y totalmente absurdo. 3. Que todo el cuento del señorío y la galantería y el buen gusto literario es la fachada de más de uno para barruntar sus inseguridades, su mediocridad y su total ignorancia. ¿De qué sirve citar a Machado si luego no has leído nunca a Montaigne o Locke, por poner un ejemplo, becerro dorado…? Saber mucho de toros y hacer la O mayúscula con un canuto literario no significa ser inteligente, culto o saber escribir. Como dijo Oscar Wilde en algún sitio, “por cada genio estirado hay dos cadáveres en el jardín”. ¿Lo pillan? 

Criticar a alguien simplemente porque es mujer, sin pruebas de lo que se afirma, es difamación; criticar a una mujer y decir que va a prosperar en función de las veces que se baje las bragas es un insulto a la inteligencia y la moral. Y criticar a otros que ocupan tu lugar simplemente porque ves conspiraciones judeomasónicas en todos lados y necesitas justificar tu soberano error de cálculo que te ha dejado sin el único trabajo que sabes hacer, eso es la mayor estupidez que se puede cometer. Ya lo dijo el bueno de Damon Alexander: “Con cada palabra y acción nos desnudamos ante los demás. Por eso es mejor seleccionar todo lo que hacemos, antes de que nos caigamos en el pozo pestilente de nuestra soberbia injustificada”. Para todo lo demás, Marco Aurelio o Mastercard. Y para más de uno, un logopeda (esto sólo lo entenderán los salmantinos…). 

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