Pastiche kitsch y templarios

6 Jul

Uno de los mayores peligros de una sociedad relativamente opulenta es el aburrimiento. A más dinero y poder, mayor probabilidad de que haya más tiempo libre para pensar. Y del acto de discernir a las ideas estúpidas hay un paso. Un ejemplo es el retromedievalismo. Una cosa es que, como dijo ya hace años Umberto Eco, Europa esté en una fase que repite los mecanismos del mundo medieval y se encuentre, según nosotros, en plena introspección de sus orígenes, y otra que una ciudad entera, pongamos que Ponferrada, se invente un pastiche historicista totalmente falso y anacrónico, repleto de inexactitudes, como si fuera una fiesta tradicional. Aquí la cuestión es tener algo que vender. Triste país donde todo parece reducido a hacer algo para los turistas, como si inventarse una fiesta templaria fuera más útil que fundar una empresa de tecnología. Ahí está la diferencia: otros hacen satélites, nosotros hacemos fiestas paganas donde una procesión de templarios (gente de la ciudad disfrazada, se entiende) sube el camino de un castillo que fue templario sólo durante unos años cargando con, Dios mío, el Arca de la Alianza y el Santo Grial en procesión. Luego un poco de fuegos artificiales, una voz cavernosa que recuerda a Friker Jiménez en Cuarto Milenio y más luces y fuegos.

Resultado: una excusa para beber. El retromedievalismo afecta a todos, quizás algo menos a Salamanca por motivos obvios: su época dorada fue después, en aquellos siglos XVI y XVII, cuando su santo y seña era la Universidad y la literatura. Salamanca tiene una ventaja que no tiene la pobre Ponferrada: auténticos mitos, basados en realidades distorsionadas perfectamente comprobables. La capital del Bierzo tiene un castillo precioso, abandonado durante siglos y que ahora ha sido reconstruido por un tuerto y al que le han colocado en la zona del palacio viejo un centro de conferencias visible desde cualquier punto y que se ha cargado el perfil tradicional de la fortaleza. Han pasado de jugar al fútbol en su patio interior a inventarse una Noche Templaria que es un remedo de las procesiones de Semana Santa. Muy triste. Eco tenía razón, pero una cosa es la sociología de masas que ha convertido a Europa en rehén de su propia historia y otra muy diferente el pastiche kitsch de principios de julio en una ciudad sin historia. Cuánto daño ha hecho el pobre Jiménez, ahora ya en serio…

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