Archive | mayo, 2009

No os entienden, Martini

31 May

La falta de entendimiento entre creadores artísticos y el resto de los mortales (dotados de un sentido común basado en el gusto personal, hecho de mil hastíos) tiene tintes trágicos cuando un espectáculo busca conectar con la gente. Se produce ese vacío embarazoso en el que ni el periodista sabe qué decir, ni el artista comprende por qué nadie le dice nada, y donde el público se queda pensativo sobre si le gusta, no le gusta o directamente no sabe qué puñetas hacer. El último artículo de Gervaise de la Rochelle en el ‘Daily Telegraph’ data de 1976, del suplemento literario y teatral. Al final del mismo dejó un extracto que habla de su forma de ver las cosas: “No importa lo bueno que seas en algo, las maravillosas ideas que tengas, los increíbles libros que escribas, los grandes diálogos que imagines; nada puede todo tu talento, tu genio, tu inteligencia y sensibilidad. Puedes hacer una obra de arte que haga llorar y emocionarse a millones de personas, pero sólo basta un idiota con mando en plaza, un cargo, y todo lo bueno que puede hacer un ser humano queda en el cubo de la basura con la frase ‘No sé, esto no me convence, mejor de esta forma’. El artista insiste, e insiste, pero la falta de miras y la tozudez de determinados sujetos van cogidas de la mano. A partir de ahí la inteligencia queda sepultada en mares de gris plomo”. 

Estas frases (y ese vacío brutal del que hablábamos al principio) se podrían aplicar en parte a los creadores contemporáneos como los que pululan estos días por el Festival de las Artes en Salamanca: grandes ideas que en sus cabezas y en un nivel superior de cultura son estupendas, pero que fracasan al enfrentarse con una sociedad con un nivel cultural que ni por asomo les alcanza (gracias a los dioses) y dotada de un sentido común muy práctico. Esto es: “No lo entiendo, pues no me gusta”. Cada día sentimos más compasión de Guy Martini, de los programadores culturales y de “Inteligencia” en general. La cadena falla justo por el eslabón más débil, el que une el mensaje con el receptor. El gran problema del Festival de las Artes, trágicamente, no tiene solución, porque se tardarían décadas, generaciones, en cambiar las cosas: amueblar la mente de los salmantinos con una refinada cultura que entienda como algo más que un espectador en blanco. Triste, pero real.

Envidia malsana de Barcelona

30 May

Cómo envidamos Barcelona en estos momentos. No por las glorias deportivas (GRRRR) sino por el cada vez mayor Salón del Cómic. Envidia malsana de ver cómo Batman cumple 70 años como creación heróica y gótica del cómic y lo celebra allí con un número especial; celos al leer las entrevistas de Mike Mignolla, padre de Hellboy, en las salas del Salón; miseria moral cuando sabemos que lo mejor del noveno arte se pasea libremente por Barcelona, libres del movimiento de masas de fans que tienen en Estados Unidos, mezclándose entre sus acólitos españoles, franceses, italianos y alemanes que pierden el honor y el culo detrás de ellos. Pero sobre todo tristeza porque somos conscientes, como publicamos tiempo atrás, que Salamanca es una de las mayores canteras de ilustradores de España, que por su facultad de Bellas Artes ha pasado lo mejorcito de la región y del norte de España, y que hay una fuerte minoría de consumidores de cómic de todas las edades y condiciones sociales posibles que son fieles, con crisis incluida. 

No es de recibo que no haya un Salón de Cómic en Salamanca, pero entendemos que todo no va a ser, salvo porque organizarlo sería tremendamente sencillo (lo haría todo el grupo que trabaja alrededor de la librería Shogun) y relativamente barato. Sería la típica historia que debería recaer en la iniciativa privada, especialmente de las librerías y las editoriales con olfato: recuerden que en Salamanca hay dos universidades repletas de potenciales compradores y fans. Basta un paseo de fin de semana por la ciudad y fijarse en las camisetas de cualquier persona menor de 30 años para darse cuenta (aunque luego, en la librería Shogun, nuestra gente haya pillado a más de un cuarentón trajeado comprando series enteras de Thor, Batman o Tintín). Piénsenlo. Mientras tanto, vayan hoy al concierto de Cycle: ¡¡Viva el pop electrónico de gafapastas!!! (risas enlatadas). 

Festivaleando con un Martini en la mano

29 May

Guy Martini tiene algo que no deja de fascinarnos. Su rostro enjuto, la melena totalmente blanca, las cejas pobladas de un negro sospechoso, la voz profunda, la ropa oscura, las botas camperas…, la forma de andar, como si acabara de salir de alguna calle de Marsella en busca del tipo que le ha robado la cartera. Es un hombre con una capacidad de confundir al personal fuera de toda duda: cuando mira no sabes, como decía una periodista, si te seduce o te odia. Cada año parece hablar peor el castellano y tiene fama de cultivar las ojeras mañaneras a medida que se consumen días de Festival. Pero sobre todo siempre parece desubicado de Salamanca, y mucho más con la prensa local alrededor. Es como un pulpo gigante en un garaje de El Corte Inglés. Los medios aquí tienen mucha retranca, muchos intereses creados, demasiado servilismo y ganas de soltar mala baba contra alguien. Y si es de fuera, mejor. En este blog nos metimos mucho con él, pero nuestras críticas eran justificadas: sin pedagogía no hay vanguardia, tiene usted que tirar de los universitarios para triunfar y de alguna manera, aligerar de peso superfluo la programación del Festival de las Artes. No nos hacen caso, pero eso no significa que Martini no merezca el beneficio de la duda, un respeto y ciertas dosis de ironía. Es algo injusto usarle de diana humana cuando él ha sido el que ha luchado para evitar que se cargaran este año a Domingo Sánchez Blanco, o que SPS pudiera tirar para delante con sus propuestas.Y más cuando intentó irse y “no le dejaron”. Le juzgaremos a él y al Festival que dirige al final de estos 16 días. Eso sí, como la vuelvan a pifiar, y tienen muchas papeletas viendo la programación, desempolvaremos el látigo de siete colas con punta de acero afilado, porque con el dinero público no se juega, señores.  

Antes de la tormenta de volutas de humo

28 May

En la película de Luc Besson ‘El Profesional’ el actor Gary Oldman, que interpreta al malo de la película, se parodia a sí mismo con la frase “Me encantan los momentos de quietud previos a la tormenta…”. Es la misma frase que representó cuando hizo de Beethoven en una película anterior. Esos son los instantes que se viven ahora mismo: en el horizonte ya se marca la furia de una tormenta reducida pero que sigue siendo un maratón absurdo para demostrar que se puede vender cultura. Lamentablemente siguen haciéndolo mal. Sé diferente y llegarás lejos; ofrece poco bueno y te desearán todavía más. ¿De qué sirven 140 grupos con 300 representaciones si no da tiempo material para ir ni a la mitad? Con como grandes volutas de humo, como una espiral de denso aire cargado, grisáceo, plateado, que se expande hacia el infinito para llegar a ser nada. Es como lo de los éxitos deportivos: no importa lo alto que vueles y asciendas, porque en breve no tendrás sustentación bajo las alas y te dará la Mayor Castaña Jamás Contada, parafraseando a los Monty Python. Por cierto, todo esto nos hace recordar un mensaje rencoroso que pululaba anoche por los móviles de la sufrida pero sólida hinchada vikinga: “Oye tío, ¿sabes que hay 164.000 personas en España que no conocen a su padre?”. “No fastidies”, dice el otro. “Sí, y son todos socios del Barça”. 

Pd: No podíamos reprimirnos, perdónanos, Señor, porque no sabemos lo que hacemos…

Último consejo antes del Festival

27 May

Antes de la tormenta, la calma y un consejo: hay dos formas de ser en el mundo: el pusilánime y el gladiador. El primero se conforma, se adapta y deja pasar las ofensas y los desprecios, es, a fin de cuentas, un esclavo; el segundo sueña, no deja de moverse y rechina los dientes cuando le ofenden: se controla, pero siente la ira. El pusilánime parece sedado frente al mundo; el gladiador quiere conocerlo. El pusilánime no tolera que nada ni nadie le aparte de su gran meta, la nómina, porque todo lo demás son circunstancias; el gladiador ve mucho más allá de lo obvio, o por lo menos quiere creer que la vida es algo más que cumplir un horario, refugiarse en la cueva y reducir su existencia a días sencillos, cortos y sin complicaciones. El primero no deja de ir en retirada, cada vez más cerca de la cima de la colina, detrás de murallas progresivamente más altas. El gladiador se yergue porque sabe que vivir también es resistir y sufrir, que el corazón late, que llevamos sangre en las venas y que si duele es que estás vivo. El pusilánime busca la comodidad, el gladiador busca la felicidad. El pusilánime no ve más allá de lo comprensible, mientras que el gladiador tiene un pie en el aire y otro en la tierra. 

Los espartanos decían que una vida sin sueños ni gloria no era más que una muerte invisible; soñar nos hace mejores, intentar superarnos y picarnos con nuestros errores nos hace ser un poco más elaborados. Vivir sin retos, sin desafíos, sin concebir un día más como un escalón de una larga escalera, un paso más de un largo viaje, todo eso nos convierte en pusilánimes. Pensar que el mundo es ancho, libre y grande y aceptar que a veces las cosas pueden ir mal es lo que nos hace ser humanos y volver una y otra vez a levantarnos. No contamos esto por nada, sino porque el número de pusilánimes ha crecido mucho en los últimos tiempos, y eso nos aterra: ya nadie aporta ideas, nadie quiere hacer las cosas mejor, simplemente se rinden y las hacen, mal y rápido. Por cada individuo que se rinde ante la vida y la parasita hay una cabeza menos para hacer mejor el mundo. Son tiempos de crisis, son malos tiempos para la lírica, despreciada por los realistas, sepultada por los fatalistas. Y aún así, muchos no dejan de soñar ni de creer en que podemos ser mejores y superarnos, todos los gladiadores hombro con hombro. No se nos venga abajo, querida. 

El "imprescindible"

25 May

Momento ácido para el recuerdo. ¿Conocen a un tipo llamado Juan Cruz? Es uno de los altos cargos del Grupo Prisa, una de las vacas sagradas del orbe de ‘El País’ que le cortan el paso a los más jóvenes y capaces. El caso es que hace unos ocho años mantuvo dos reuniones diferentes con dos aspirantes a ser como él, o cuando menos a sobrevivir, a los que llamaremos A y B. Ambos, después de mover muchos hilos familiares y de amistad, consiguieron verle en su despacho para que les echara un cabo después de varios meses en el paro (en el caso de A, un año). El resultado fue un largo monólogo de media hora sobre la necesidad de hacerse imprescindible. El despacho de Cruz en Gran Vía (32) de Madrid, sede del grupo, tenía unos ventanales enormes a la parte más elegante de la ciudad. Vivía rodeado de fotos suyas (hasta 23 contó A) con grandes personajes, y el despacho era una capilla barroca a su mayor gloria. De la ayuda, ni una brizna; no hubo compasión ni favores, sólo un sermón que no sirvió de nada y que valía para cubrir el expediente. B dejó el periodismo al año siguiente, fundó una librería y se dedica a vender por internet. Se ha casado, tiene un hijo y todos los fines de semana hace un viaje. A siguió en el oficio, dio tumbos, apretó los dientes y cuando tuvo una oportunidad la cogió al vuelo. Todo lo que tiene se lo ha currado, y así le va al pobre. Cada vez que B divisa un artículo de Juan Cruz se parte de risa y le pinta un bigote a la foto; cada vez que lo hace A, pasa la página deseoso de recordarle algún día cómo él mendigó ayuda y la consiguió en la familia de A sin nada a cambio.
Moraleja: nadie es imprescindible, señor Cruz, ni siquiera usted, y los consejos son hojas de otoño que se lleva el viento; lo único que vale es el trabajo y tener gente alrededor que supla las deficiencias propias. Y eso A y B lo aprendieron solitos: todo lo que tienen saben a quién agradecérselo, a ellos mismos y a la gente que se acordó de ellos. Gracias por nada, majo. No hay rencor, sólo tristeza por los fraudes a tanta gente como A y B.
Pd: Demasiados favores debidos provocan corrupción del alma. ¿Cuántos deberá Juan?

Red Café Música (Festival de las Artes)

21 May


Solución para los disgustos laborales (cuando el individuo se percata de la estupidez congénita ajena y la ingenuidad propia y repite la frase de Homer Simpson de “ganas de matar aumentando…”), para las desgracias personales (habrá algún camino de baldosas amarillas más allá del arco iris, que decía Judy Garland antes de escoñar su vida) y para el hastío: los pequeños conciertos. El Corrillo y el Irish Rover Theatre de Salamanca son las dos sedes de Red Café Música durante el Festival de las Artes. La calidad a veces se confunde con la extravagancia, pero eso no quita para que las cosas que se le ofrecen puedan ser más que interesantes. Nos referimos a que las perlas pequeñas son muchas veces más hermosas que los grandes diamantes que parecen cristalitos, ya nos entienden, pero la verdad es que hay mucha música experimental en la programación, nuevos sonidos que deberían tener su oportunidad para demostrar que no todo bebe de las mismas fuentes. Ya lo hemos dicho hasta la extenuación: “se llega antes al éxito por la diferencia que por la contundencia”. 

El ciclo arranca el 29 de mayo con Aaron Thomas en El Corrillo (23.00 horas), sigue el día 30 con Dead Capo en el mismo sitio y hora (música instrumental imposible de clasificar) y salta luego al Irish Rover el 4 de junio con Space Jahourt (22.00 horas), con su particular versión “post-apocaliptica” de la ‘chanson français’. Seguimos: Zoo el 5 de junio en el Irish Rover (22.30 horas); el 7 de junio, Jazzeria en El Corrillo (22.00 horas), jazz al estilo castellano con un joven espíritu. Finalmente, Remate en El Corrillo de nuevo (22.30 horas), con guitarra acústica, folk, piano y muchas ganas de redefinir la música con un estilo Johnny Cash muy personal; y para cerrar, el hijo ‘raro’ de Jodorowsky (hablando de tipos desconcertantes), Adanowsky (el de la foto), que cerrará el ciclo el 13 de junio en el Irish Rover (22.30 horas), con una puesta en escena “delirante” que tendrá que cohibirse un poco visto el pequeño tamaño del escenario. Si se acercan por Salamanca sólo vayan, aunque sea por las birras, las copas y oír algo raro, que igual les gusta.