Archivo | abril, 2009

Mensaje cifrado

30 Abr


Cada día que pasa la amistad de ciertas personas desvela más sorpresas de las esperadas. Qué malo es juzgar demasiado deprisa, tanto como ralentizar el juicio. Todos juzgamos a los demás, siempre, porque es el método de nuestra especie para vivir en el mundo: experimentamos la realidad y emitimos entonces juicios de valor que nos ayudarán para futuras ocasiones (ya lo avisó, a su forma hermética, Kant). No se puede ser como Cristo, eso seguro, pero tampoco es cuestión de ser tajante. Cuanto más radical es un ser, más imbécil se vuelve. Así de sencillo: los barcos escorados se hunden, ¿lo pilláis, queridos? Aquí nos equivocamos con determinada persona, como si años y años de conocimiento mutuo no hubieran servido de nada, y ahora, en la autopista vital que nos lleva hacia la madurez (bueno, algunos…, otros…, cosas más raras se han visto) nos damos cuenta de que esa persona es como una caja china, que cuanto más la abres más acertijos tiene (lo que incrementa el interés por ella, por cierto). Durante años nuestro juicio inicial quedó nublado por la deriva personal de unos y otros, para luego desembocar en esa cara de sorpresa nacida del choque con esa otra parte que no era visible del otro/a. Lo inesperado, incluso cuando es bueno como en este caso, abre tantas posibilidades que es difícil saber a qué atenerse. Esto es, viva el caos. Bienvenidos a esas esquinas donde las farolas no dan luz, que hacen a esa persona mucho más interesante que antes, aunque quizás ya lo fuera y nosotros demasiado lerdos como para verlo, a pesar del cariño.

Pd: Nadie ha entendido muy bien de qué va esto de arriba, pero seguro que el destinatario sí que lo pilla. Eso sí, y tras aviso de otro cómplice, es para bien, ojo.
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El alma desgarrada

29 Abr

De todo lo que podíamos hablar hoy hemos elegido algo en las antípodas de lo habitual en este blog. Una de esas historias que sirven para hacer una película, una novela de éxito (tomamos nota, hay que pensar en el pobre LC) o directamente, y seguramente, encogerle el corazón a cualquiera. Ha sido la BBC la que ha destapado la historia. Durante unas obras cerca del campo de Auschwitz los obreros descubrieron una botella incrustada en uno de los muros de un edificio que las SS usaban de almacén. Dentro había un papel escrito en septiembre de 1944 que contiene los nombres, números de campo y lugares de nacimiento de siete jóvenes internos provenientes de Polonia y Francia. Al menos dos sobrevivieron. Pasarán años, décadas, y quizás nunca podamos realmente llegar a entender el horror que fueron los campos de concentración. Murieron muchos más en otros genocidios de la historia, pero jamás de una manera tan industrializada, deshumanizada y totalmente fría. Si ya es horrenda la muerte de siete millones de personas, todavía más pavor infunde la forma en la que fueron exlos explotados, exprimidos, usados como cobayas humanas o eliminados, en fosas comunas cubiertos de cal.

Millones de palabras y de imágenes no son suficientes para sofocar el miedo y la humillación infringida a toda la especie humana en aquellos campos, la total falta de humanidad. Sólo hubo un momento en toda nuestra historia en la que el diablo realmente caminó entre nosotros, y fue entre 1939 y 1945. Antes o después sólo fue ilusión. El Mal se hizo carne y gas en aquellos años, lo peor había pasado, y su recuerdo debería estar tatuado en nosotros, en nuestras almas, para que jamás olvidemos un pecado cometido entre todos por acción u omisión. Y aunque no estuviéramos allí, los mecanismos que lo provocaron siguen en nosotros, en nuestra sociedad y nuestra psique.

Simplemente Skármeta

28 Abr

Imaginen a Santa Claus vuelto del revés. Sin pelo, pero con melena; con un frondoso bigote, la barba desaparecida de una cara que se queja de los años, una gran nariz dálmata enrojecida por vaya usted a saber qué, ojos pardos pero claros y una eterna sonrisa que antecede y cierra la conversación con el suave acento chileno de sube y baja. Todo encerrado en un cuerpo grande de hijo balcánico forjado a fuego en Chile e incapaz ya de, a pesar de los tumbos que ha dado en su vida, ser otra cosa que no sea un gran sudamericano. De esa fuerza humana que no para de reír nace la literatura de Antonio Skármeta, que pasó el lunes como una exhalación poética por Salamanca. No hace falta mencionar libros como si fueran medallas, ni sus premios, sólo pensar que es el único que ha logrado reconstruir la poesía de Neruda y ponerla a su servicio en un libro, en una película y en la memoria de millones de personas. Ojalá todos los días salmantinos fueran así, con gente capaz de reírse y de enseñar al mismo tiempo. Quién tuviera sus dedos y las neuronas para hacerlos moverse como debe…

PD: Hoy martes, Jorge Volpi, Carlos Franz y Andrés Neumann. En la plaza de Anaya. 

Dejen hablar al autor, por favor

27 Abr

Una de las peores costumbres es no dejar hablar a los que deben. En Salamanca se aplica a rajatabla el protocolo del “yo pago, yo hablo”. Mejor dicho, del peloteo industrializado que demora una y otra vez al verdadero motor del acto en sí, el autor. Imagínense esta situación: presentación de una antología poética. Además del autor, al que curiosamente ponen en una esquina, están presentes un decano, un diputado, un académico, el prologuista y editor y medios de comunicación, a los que hay que sumar un jefe de prensa y un jefe de gabinete de la institución que puso la pasta para la edición. Todos hablan, porque si no sería un absurdo, y lo hacen por orden. Todos sufren de la misma enfermedad contagiosa: el yoyoísmo, esto es, el gustazo por hablar y oírse. Todos son veteranos y demuestran que saben con largos monólogos vacuos y fatuos que convierten el acto en un tormento que consume el tiempo de todos (fíjense que hemos repetido 4 veces ‘todos’, para remarcar el espíritu comunitario de la ciudad, hahah).

Imaginen que el ritual de onanismo empezó a las 11.00 de la mañana. Son las 11.35, ya han hablado el decano, el diputado de marras que no tiene ni ganas de estar allí y dormita tranquilamente, el académico acaba de terminar y todos se dan cuenta de que falta por hablar el prologuista. Se excusa y dice que lo mejor es la obra, pero no renuncia a sus 15 minutos de gloria. Total, que son las 11.45 y los de la TV se marchan porque tienen otra rueda de prensa; los de la radio también se escabullen porque tienen que preparar el programa del medio día y el resto de prensa escrita se pira porque por algo son los que más mala baba tienen. Sólo se queda una persona, de una agencia de noticias, porque no hay más narices que quedarse. Y esto ocurre siempre en todos lados, sea una provincia recóndita o la entrega del Premio Cervantes. En serio, ¿es indispensable dar de comer a tanto juglar cortesano que por amistad o interés o ese regusto por salir en la foto se planta y lee un folio como un cordero camino del matadero..? No, no hace falta. Pero cualquiera le dice al emperador que está en pelota picada…

Samantha Sweeting

27 Abr

De vez en cuando la realidad tiene esos giros impertinentes cuando el programa de un día se rompe porque alguien llama por teléfono y casi te obliga a que muevas el culo hasta la otra punta de una ciudad. Todo dice que no, pero al final se pasa por el aro para conocer a una persona y así poder aumentar el abanico de gente a la que poder olvidar luego. Uno de esos soplos llevó a alguien de este blog a conocer a Samantha Sweeting (en la foto, con Ron Athey) en un recóndito tugurio de buena fama (uno de esos donde hasta la suciedad parece medida). Apenas hay información sobre ella en español, por ahora, pero esta joven creadora inglesa es precisamente uno de esos soplos de aire frío y húmedo del norte que suelen ventilar y mejorar el viciado, pesado, seco y caliente clima artístico español. 

En ella, a partir de la fotografía, se unen las relaciones del hombre con la naturaleza, el trabajo artístico femenino más allá de los géneros y el profundo estudio del cuerpo humano como medio de expresión, también aparte de las consideraciones sexuales inherentes en una sociedad como esta tan acostumbrada a medirlo todo por el instinto más perseguido por nuestra civilización. Como decía Gervaise de la Rochelle: “Si matas a mil soldados eres un héroe, pero si dices que te has acostado con la vecina eres un vicioso”. Sweeting hace honor a su apellido, tiene la educación que se le presupone a todo ciudadano británico no alcoholizado, sonríe, luce los detalles externos de la impostada vanguardia y apenas se toma en serio nada que la rodea. De esa forma abre más puertas que los atormentados que visten de negro y hacen honor a la sentencia de Alberto Sicilia sobre París: “Aquí todos van de parisinos bohemios, de negro y como si fueran cucarachas”. Su obra estará presente en Bruselas con Domingo Sánchez Blanco (otro que daría para escribir un libro), pero también en el Festival de las Artes entre el 29 de mayo y el 13 de junio en el Espacio El Gallo. Apenas tiene 28 años y aparenta menos, y a buen seguro volverán a oír hablar de ella, pero esta vez en sitios más elegantes, caros y fenicios que este blog. No digan que no fuimos los primeros en avisar. 

Mayo de seis cuerdas

25 Abr

En los próximos días del siguiente mes Salamanca podrá decir que ha tenido, al menos una vez en su vida, cierto protagonismo. Con el Festival de las Artes en perspectiva silenciosa lo que nos queda es soñar con que el colpaso capitalista no pase excesiva factura en el futuro. De momento todo se acumula y atasca en apenas 30 días miserables. El 29 de abril llega Fito Páez de gira; el 7 de mayo Andrés Calamaro (y no José Calamaro, como dijo el enanito de frente despejada…) dará el único concierto que albergará Castilla y León; Gary Moore también pasará cual tornado del Medio Oeste el 13 de mayo, tan fugazmente como aturullado, porque aquí o lo concentran todo en un día o les da el tembleque; y por último, Amaral arrancará su nueva gira el próximo 23 de mayo, también en Salamanca. De ahí el título del post, seis cuerdas de guitarra de muy diferente calaña.
Páez y Calamaro pueden ponerse juntos, a fin de cuentas son los mismos productos de la cantera del rock en español que es Argentina, último reducto de algo más que ritmos latinos prefabricados y de miseria artística incalculable, lo mismo que se ha comido la creatividad en España. Aquí ya sólo se hace pop o sucedáneos malolientes de lo latino, como si nacer en Soria fuera lo mismo que hacerlo en Guayaquil. Pues no, queridos, no es lo mismo, pero en fin. Nos agarraremos a Gary Moore como lapas y miraremos para otro lado cuando Amaral vuelva a hacer lo mismo otra vez después de mil oportunidades para evolucionar. Al principio histórico de este blog soñamos con un concierto perfecto, con Dylan, U2 y The White Stripes, quizás ahora con The Killers y algo de Coldplay, por contentar a las masas. Seguid soñando niños, y daros con un canto en los dientes, que el capitalismo zozobra y dentro de poco no podremos ni piratear música a mayor gloria de los bolsillos de Teddy Bautista (más conocido como el Hijo de Satán).

No hace falta un Día del Libro sino leer

24 Abr

Estos tiempos serán definidos en el futuro como el del Gran Padre, porque es así como se comportan los estados, las instituciones nacionales, locales, internacionales, las familias, los grupos sociales, las redes sociales de todo tipo y hasta el último ser que tenga algún tipo de interés en un individuo. La sobreprotección es el mal del presente, y generará en el futuro sociedades aterradas donde la violencia será desmedida y la parcelación en grandes clanes será la única respuesta posible. Hemos pasado de la comunidad a la sociedad de masas, y de ésta a la Gran Sociedad donde todo está reglamentado y perfectamente encajado. Incluso algo tan natural como la literatura, la lectura, el primer destello de civilización que nos conformó a todos los habitantes del planeta como seres pensantes, se ha convertido en un despropósito. Hace falta que haya un Día del Libro, elegido azarosamente en la falsa fecha en la que murió Cervantes y supuestamente Shakespeare, y que fue alentado desde Cataluña porque coincidía con la fiesta patronal de Sant Jordi, esto es, San Jorge.
Renegamos del Día del Libro porque el libro no necesita que nadie le dedique más atención que una detenida lectura. Sea bueno o malo, pero leer. En el norte de Europa el índice de lectura de libros está entre el 60 y el 65%; en España, el 35%, y al menos ha subido porque antes era del 25%. Evidentemente hay muchos aspectos que inciden en ese hecho, pero desde luego ni el clima, ni la falsa y farisea cultura de la fiesta son excusa. Sólo los negados se escudan en que en España más vale salir a la calle y hacer vida latina. Que sepamos, ahora mismo, hay una temperatura media de 26º en el centro de Berlín, una ciudad poblada de terrazas en cada resquicio de acera, más incluso que en España, aunque parezca mentira. Y allí todo el mundo salía a tomarse algo. Y leen más. Así que menos fiestecitas absurdas auspiciadas por la ONU y más programas masivos de lectura, que la Gran Sociedad sea útil para algo más que tenernos a todos bien ataditos de pies y manos.