¿Para qué sirve una imagen en el periodismo?

16 Mar

Decía una vieja regla de la escritura que no es bueno arrancar un texto con un gerundio, pero vamos a cubrir un tupido velo. “Partiendo” de la base de que un buen texto muchas veces no va acompañado de un adecuado trabajo de producción visual, es mejor no tocar las narices a según qué gente. Bien lo sabe el pobre LC, que escribe para que luego otros le encajen a martillazos un trabajo visual deficiente que da al traste con todas sus intenciones. Dicho en plata: si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo o déjalo. Algo parecido le ha pasado a más de uno que hereda el mismo dilema: ¿pesa más la imagen o el texto? Pues ya se lo decimos nosotros: la imagen. Es triste, pero en parte se debe a la evolución del periodismo y de la propia exposición de los temas en nuestra sociedad reduccionista. Son las tres fases; en la Edad Media éramos todos analfabetos y nos “instruían” con imágenes en las iglesias, o con la palabra oral; luego llegó la imprenta, la Reforma protestante y la educación universal, con lo cual la mayoría aprendió a leer y escribir y el texto-tocho lo inundó todo. Se hicieron los folletines, las novelas-saga y ediciones de peso y tamaño desmedido. Entonces llegó la fotografía, la prensa de masas y el cine, y entonces se hundió la palabra en beneficio de la imagen. Como todo en esta vida la virtud está en el justo término medio, una verdad a la que llegaron por separado Aristóteles y Buda, así que la idea es que la imagen complemente al texto de tal forma que se haga un todo 50-50 que convierta un hecho en un producto atractivo. 

El problema es cuando la imagen se convierte en el santo y seña del recurso fácil, o cuando el texto es demasiado grande porque se quieren contar demasiadas cosas. Qué complicado es ser virtuoso, tanto como conseguir que un fotógrafo se dé cuenta de que darle a un botón no es suficiente, que su objetivo no es el ojo de Dios que lo ve y lo juzga todo. O que aprendan que la imagen no domina al texto, porque entonces se idiotiza a la gente al tratarla como si fueran monos que se dejan llevar por los estímulos visuales. Es muy fácil reducir al lector a la categoría de lerdo primitivo, entre otras cosas porque ahorra trabajo neuronal. Y tampoco es cuestión de convertir una página de un periódico en un facsímil de la Biblia. Lo dicho, si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo, como decía Moriarty. 
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