Archivo | marzo, 2009

Los huesos desnudos de Madeleine

31 Mar

Bare Bones, una voz suave sin estridencias, con tendencia a parecerse a la de Nina Simona, un jazz salpicado de tranquilidad, donde ni una nota rompe la línea fácil de la melodía. Once canciones y ese título sugerente. Once pequeños lamentos de ese tipo de jazz cantado donde sólo la mujer parece dispuesta a hacer algo que merezca la pena oír. El que escucha se imagina una mujer negra y ligeramente oronda de lejano nombre francés, quizás pensando que es una de esas ovejas oscuras surgidas de los clubes de jazz de New Orleáns donde van los grandes músicos de incógnito a escuchar a los músicos de verdad. Luego descubre a una mujer joven, rubia y ligeramente aniñada, de ojos azules y rasgos europeos nacida en el sur profundo de Estados Unidos (única coincidencia) pero que tuvo que irse a los clubes de París, en el barrio Latino y universitario, para poder despuntar y regresar al hogar con una carrera bajo el brazo. Cinco discos bajo el brazo y una maravilla llamada ‘Bare bones’ que bien vale gastarse el dinero. Cuando canta Peyroux mece el alma como una niñera que sin estridencias deja caer lágrimas de jazz sobre el oído, como ver volar un colibrí entre tanto ruido que los demás llaman música y no es más que la demostración de que las perlas negras son siempre pequeñas, discretas y que no se oyen, se anhelan y se sienten. Una muestra: “I remember what my daddy tahught me ‘bout how warm whiskey is in a cold ditch / I got these bare bones”.

Y los freaks heredarán la tierra… (ay Dios, ¡y yo con esta maldita normalidad!)

30 Mar

En los años 70 se hizo muy popular una canción de Chic llamada ‘Le freak’. Tanto que se considera uno de los mayores éxitos de Atlantic Records y está considerada la número 19 de la lista de las cien mejores canciones del Billboard americano en los últimos 50 años. Era una canción ramplona en las letras, marcada por el estilo funk donde lo que importa es el ritmo y el sonido, con el contenido. ¿Y eso qué tiene que ver con la cara de Darth Vader? Pues una palabra que pasó de definir lo extraordinario y ‘chic and cool’ a lo ‘raro’ con pasmosa facilidad. Con eso en mente merece la pena destacar otra gran “frikada”. Se llama ‘Star Wars. The exhibition”, y en Madrid ha tenido que ser prorrogada hasta mediados de abril por la cantidad de gente que acude a diario a ver la “exposición oficial” que ha montado George Lucas con vídeos, reproducciones, todo el trabajo de storyboard y maquetas a tamaño real de la parafernalia de la hexalogía (seis películas, a ver si estudiamos algo más de griego…). Al ver aquello, uno de nuestros corresponsales (como si hubiera muchos) redescubrió el sentido de aquella sentencia mítica: “Algún día, los frikis heredarán la tierra, y vosotros tendréis que soportarles sin rechistar”. 

Eso lo dijo Guillermo del Toro, uno de los santos patrones de esa gran familia feliz de inadaptados sociales que viven por y para sus pequeñas religiones simbolistas donde todo tiene un sentido, donde ellos son el centro y en las que nadie les golpea como clavos que sobresalen del tablón. Los freaks son un subproducto típico de una civilización que tiene miedo de todo lo que no comprende o es capaz de controlar, de todo lo que se sale de ese concepto de “normal” que no aguanta ni un asalto de la inteligencia. Mueven millones de euros en todo el mundo, son capaces de demostrar una lealtad sin límites a un producto y al marketing asociado (con el que Lucas se ha forrado y alicatado él mismo hasta el techo) y ya no se avergüenzan. Pero claro, es más fácil asetearlos como un San Sebastián cualquiera mientras el pobre freak mira al cielo donde habitan Vader y el Doctor Spock y decir eso de “perdonadles, porque no saben lo que hacen”. Pues eso, sigan ustedes con sus vidas normales, no vaya a ser que se les enfríe el café por usar el hemisferio equivocado…, pero luego no nos digan que no les avisamos: de hecho, en un episodio de ‘Futurama’ se decía que Star Trek se había convertido en religión oficial allá por 2040. 

Nueva York en un ‘click’

29 Mar

Nueva York es como un gran golpe brutal, un puñetazo ácido, siniestro, malencarado y que se pasa las normas de la convivencia civilizada por el forro. Y aún así, todo el mundo la ama y la odia con igual pasión. Algo tiene, pero de momento no ganamos para enviar corresponsal, y no será por ganas. De momento podemos ir a La Casa Encendida de Madrid y ver ‘Retratos de Nueva York: Fotografías del Moma’, una de esas muestras que la vanguardia cultural madrileña va a ver con la misma pasión insufrible con la que pide un café de 6 euros en un Starbucks. 

Desde 1888 hasta nuestros días, y hasta el 14 de junio, las salas de este invento de la industria cultural de Caja Madrid recoge fotos de Alfred Stieglitz, Walter Evans, Henri Cartier-Bresson, Lee Friedlander, Diane Arbus, Weegee, Cindy Sherman o Irving Penn. Ellos juntos con otros 84 amantes del click y el diafragma luminoso. Ahhh, la fotografía en blanco y negro, con esas formas geométricas, con esos juegos de humanidad y cemento, esos contrastes entre el colmo de la civilización y el progreso y las bolsas de pobreza. Como nosotros, que sí, vamos a ir a verlo pero sin gafas de pasta (hahahah). Sí, somos burgueses rojos, ¿y saben qué?, en el fondo nos gusta. Se vive bien, sin problemas y las dosis justas de apatía existencial… (más risas).

 

El Cid, los árabes y los arabescos

28 Mar

Hablando de tonterías: ahora resulta que el ‘Cantar del Mío Cid’ lo escribió un árabe. Vamos, como si importara algo. Su valor ya está hecho: puso los cimientos del castellano. Quién lo hiciera es tan insípido como saber el nombre, vida y milagros, del tipo que inventó la tarta de queso con arándanos. Vale, es una curiosidad, pero millones de personas ya usan el castellano, y sospechamos que al mundo islámico le trae un poco sin cuidado quién lo hiciera. De hecho, bien mirado, les resultaría a los musulmanes escandaloso que un tipo que les conquistó Valencia y les dio una y otra vez donde más duele acabara inmortalizado por uno de los suyos. Vale que tenía buena reputación como mercenario al servicio de los árabes, y también que tuviera mano izquierda con los vecinos del sur, pero de ahí a glosarle para la posteridad de los enemigos cristianos de siempre… En fin. Esto es como cuando dicen que Shakespeare era gay (¿y qué?), que Cervantes se lo copió todo a un magrebí (para el caso, por algún lado debía salir esa joya de ‘El Quijote’) o que Homero no existió y es un mito que aglutina siglos de tradición oral. Esto último…, vamos, ¿qué narices importa si todos nos derretimos con la ‘Odisea’? Al final incluso dirán que Gervaise de la Rochelle era un mito inventado por los intelectuales de la Resistencia francesa en Inglaterra…

El teatro, ese cadáver que nunca muere

27 Mar

Hoy es el Día Mundial del Teatro. Es el arte del ave fénix, una mentira tan gorda como las que cuentan los actores y autores sobre las tablas. El teatro está eternamente en crisis desde que aquí tenemos uso de razón, y sin embargo mantiene los escenarios abiertos, estrena y repite una y otra vez obra, llenan como mínimo el 60% de las localidades y no paran de salir dramaturgos y grupos de teatro amateur. ¿Qué diablos tienen las máscaras griegas para que la gente no pare de ir, de pagar entrada, los actores de subirse a las tablas y todo el mundo de repetir una y otra vez eso de “el teatro está en crisis…”? Son esas cosas incomprensibles, uno de esos enigmas que no se solucionan ni pensando ni sintiendo. Básicamente, es una incongruencia, como el acto mismo de pagar por leer algo. Es estúpido, pero lo hacemos, y encontramos un extraño placer intelectual y emocional, un chispazo que anula el reduccionismo mercantilista que le niega a la cultura valor intrínseco. Lo tiene, pero es tan intangible e incalculable que ni el capitalismo puede conquistarlo. Olé. Mientras Salamanca se desangra en la escena con una ínfima celebración, en Madrid harán 170 representaciones en apenas 24 horas. Genial, fabuloso, ¡¡viva el exceso y la lujuria literaria!!

U2, la OCP y el ajuste de cuentas

26 Mar

El fenómeno fan es una esquirla incontrolable de los deseos. Un ejemplo: mister OCP, un tipo cuyas iniciales son iguales que la compañía futurista que construyó a Robocop…, pero ésa es otra historia. OCP tenía una daga clavada en el corazón. Se llamaba U2, otras siglas que recuerdan siempre a otra cosa. Para todo el mundo es el gran grupo irlandés de los años 80 y 90, el único que va camino de ser otro Rolling Stones cuando los originales no encuentren la fórmula de la inmortalidad a tiempo. Para mucha más gente U2 era el nombre en clave de los submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, el nombre de varias líneas de metro de Alemania y Austria, y también la nomenclatura del avión espía americano de la Lockheed que hizo estragos en la URSS en los años 50 y 60. Para nuestro super fan era una cimitarra que le pasaba de un costado a otro: estuvo más de media vida queriendo ir a verlos y siempre salía mal la jugada, bien por dinero, por tiempo, por ganas.. y por fin lo consiguió. Sus bufidos de alegría se hacían casi sexuales cuando su novia avisó de que tenía las entradas, y de que además había conseguido otras dos mejores que se podrían revender para pagarse el viajecito desde Salamanca a Barcelona, donde actuarán el 30 de junio. Y aquí paz y después gloria. Lo que no se haga por la música no se hace ni por la madre propia o ajena. O no. 

Pd: Aquí también somos fans, pero con acidez de estómago desde que un gallego nos dijo eso de “¿Para qué voy a seguir a otros cuando puedo seguirme a mí mismo?”. Pues eso…

Nosotros, los pensativos…

25 Mar

Cada día Tiresias empieza a tener más razón. Cada segundo que expira dejando paso a otro nos damos cuenta de que el escritor vive bien si no se excede en su humanidad. Ya dijimos hace poco que la futilidad de lo informado se superponía a la calidad. En un mundo que acelera cada vez más, ciertas licencias, como el tiempo para sentarse y pensar, se convierten en lujos que ni todo el oro del mundo puede comprar. Se nos viene a la memoria ‘Tiempos modernos’, donde Chaplin dejaba bien a las claras cómo el ser humano pierde la libertad y la sangre en un sistema que le automatiza sin cesar, en el que se hunde entre los engranajes de una maquinaria que no llega a ningún lado. Un tipo bastante poco propenso a lo revolucionario aseguró hace poco que la gran ruptura llegará cuando el ser humano regrese a su condición de brujo, cuando el conocimiento se convierta en un arte de ejercicio continuo y virtuoso y no una técnica industrializada. 

Algunos añoran los tiempos en los que escribir era un placer y no una monotonía insufrible; otros echan de menos la época en la que correr era de idiotas, porque los sabios caminaban. Eran los tiempos de los filósofos, los científicos, los brujos, los budistas y los sanos y serenos de espíritu. Hoy, en cambio, aprovechamos toda nuestra tecnología para convertirnos en galgos que se desfogan detrás de una liebre mecánica que nos empuja a ser mejores que los demás. Falso, no se es mejor por correr más, ni por llegar antes. Se es mejor cuando sentado en una roca te das cuenta de la estupidez de la vida. Ya lo dijimos hace poco, pero lo repetimos para que no haya equívocos: Mejor reírse de la vida que temer a la muerte, mejor reírse de ésta última que tomarse en serio la vida.

PD: Y luego preguntan que quién es Gervaise de la Rochelle…