Archivo | noviembre, 2008

Blauehaus – Fresas de Fuego

30 Nov

Kavafis regresa de Ítaca, y al hacerlo descubre que en ella cada acto y pensamiento es el eslabón de una cadena que cobra sentido al verse en perspectiva. Fresas de fuego. 

“Mientras la lluvia se endurecía para convertirse en aguanieve, en un gran enjambre de insectos transparentes que se movía al son del viento sobre Berlín, la Friedrichstrasse se helaba lentamente. Kavafis miraba por el ventanal de la cafetería del hotel. Nina no paraba de hablar de la nobleza perdida en el trato entre los hombres, de cómo la perversión lo había ensuciado todo. Kavafis metió el dedo índice derecho en su copa plana; el hielo picado se mezclaba con los fresones aplastados que absorbían el azúcar y el vodka de su Erdbeere des Feuers, un nombre muy largo para la vieja mentira mental que el escritor judío Zweig había dejado tras de sí para sus lectores. Así que Kavafis lo había terminado por llamar un ‘zweig’, tan legendario como su paso por la calle bajo el frío. Palpaba los blandos fresones igual que había saboreado sus labios, igual que su piel se había reblandecido por las manos finas y los dedos de pianista de Kavafis, de la misma forma que sabían los fresones olía ella: fruta de fuego, el sabor en la lengua de la carne caliente y seca de su amante mientras se recluía en la esquina más oscura de la Blauehaus”. 

Ángel Corella, los Necios y los guionistas de los Simpson

29 Nov

Como en los episodios de Los Simpson, el argumento central suele derivar de alguna historia inicial totalmente espúrea y superficial, banal, casi irreal. Es un truco de los guionistas que se usa masivamente en el mundo anglosajón, especialmente en Estados Unidos (más experiencia televisiva y de cine), y que aquí han obviado quizás porque se piensan que somos idiotas. Ángel Corella es uno de esos recursos iniciales que hacen de vía al meollo. Corella estuvo en Salamanca para recibir un homenaje y la típica medallita institucional, una forma de apuntarse tantos que no van a ningún lado. Previamente, Corso Expresso y varios asociados pudieron ver perfectamente cómo el mamoneo sigue siendo el motor vital de mucha gente. Lo malo de los periodistas es que cuando están a solas cerca del poder, cuando no les oyen, son terriblemente sinceros: mejor no reproducir lo que se dice de los mismos a los que van a pelotear y babear luego para conseguir algo. Es un espectáculo infame el del mamoneo: corrompe la integridad y deja el oficio a la altura de una cucaracha de alcantarilla. Pero lo cierto es que existe, y cuánto más pequeña es la ciudad, más todavía. Y si es con el poder público, infinitamente más.
Hubo que asediar a Corella para poder sacarle algo, eso después de que los fieles esbirros del reyezuelo de taifa de turno hicieran de pantalla. Corella es un eslabón más de una cadena que sólo unos pocos ven con cierta lucidez. “La cultura es la única entrada directa de dinero y sangre para Salamanca”, dijo uno de los esbirros, en un momento de increible sabiduría que puede que tenga que enterrar entre tanto cortesano posfranquista que no podrían ser lo que son sino en sitios como Salamanca. Un millón de veces lo diremos, y otras tantas nos mandarán a la hoguera, pero esto tiene que cambiar para que todo el potencial de la ciudad no se derive en un parque temático para americanos y japoneses. En lugar de tanto boato por una simple representación del ballet de Ángel Corella, ¿por qué no han creado un ciclo para él y que venga cada invierno, por ejemplo? “No aprenden estos necios”, que dijo Roman De la Rochelle (padre de Gervaise) cuando tuvo que salir a escape con Maupassant del París asediado por los prusianos…

El Club Dumas, el Rey Arturo y el gran Chesterton

28 Nov


Otra de letras, disgustos y conmemoraciones. Se cumplen 15 años desde que uno de nuestros ídolos, Arturo Pérez-Reverte, publicara ‘El Club Dumas’, mezcla de amor bibliófilo, leyenda, ocultismo y ganas de marcar una pauta. “No cambiaría ni una coma, sería como renegar de mi vida en aquellos años”, ha dicho en una entrevista el genio. Admira, además, a Eduardo Mendoza y Juan Marsé. Negro nubarrón se cierne sobre nuestras frentes… 

Del primero sólo diremos que la inmensa decepción de leer su último libro ‘El asombroso viaje de Pomponio Flato’ no debería empañar la reputación de un buen escritor. Vamos a darle el beneficio de la duda. En cuanto al segundo, ya nos hemos explayado suficiente, así que no haremos más sangre para que los amantes de la cordialidad no se atraganten con el sandwich mixto del desayuno. La verdad es que, bien pensado, a Pérez-Reverte, nuestro rey Arturo, le pega leer a Marsé (ambos le dan a la lengua con la misma degeneración castiza), y puede que sólo sea una mezcla de prejuicios, envidia estéril y algo de flema británica lo que nos hace renegar de sus libros. Pero oiga, es que cuando se va por la página 30 y el libro se le cae al lector sobre la cara del sueño que tiene… En fin. Lo lamentamos. 
Después de todo más de uno en este Equipo se crió leyendo a Poe, a Verne, a Quevedo, al señor Anónimo (cuántas grandes obras hizo…, hahah) o al más grande de todos: Homero. Te reverenciamos, Arturo, pero la excepción confirma la regla. Al final siempre seremos más de Chesterton (como decía nuestro particular Viejo de la Montaña, “somos podridos ingleses encerrados en cuerpos de gloriosos españoles”).  

¿Marsé es el Premio Cervantes? (No comments)

28 Nov

Todo el mundo, y por esa frase entendemos a la gente que controla lo que sale en los medios, ojo, ha saludado con alegría que el Cervantes haya ido a manos de Juan Marsé. Cierto joven escritor nos dijo una vez que desde que Bukowsky se dedicara a cantar las loas del amor paidófilo el método de “caca, culo, pedo, pis” ha ganado muchos adeptos. Sondear los mundos subterráneos, especialmente los de la prostitución y el chuleo barcelonés parece haber tenido réditos. No hay nada como hacer un nicho literario y enterrarse vivo en él, ¿verdad? Claro, una vez que dominas un ambiente lo explotas al máximo. Que se lo pregunten si no al marine frustrado de Clancy, por poner un ejemplo. O a Stephen King (eso sí, con más garbo que el primero, que daría igual que vendiera coches usados o escribiera libros). No era nuestra elección, ni siquiera estaba en la lista. Hay gente con muchísima más catadura artística, pero tienen un defecto: no son mediáticos, ni han mandado a paseo a los dos premios Planeta de hace un par de años, ni tienen cierta senectud y tampoco tienen a toda la profesión periodística catalana (la segunda más potente del país después del nudo gordiano madrileño) jaleándole. Vamos, que nos plantamos. En fin, premios…

Juan Luis Arsuaga, el arcano de la especie

26 Nov


Juan Luis Arsuaga pasa mañana jueves por Salamanca. En realidad viene a cerrar un ciclo de conferencias por el que han pasado gente como Joan Massagué. La ciencia puesta al alcance de todos, un experimento que debería repetirse. De todas formas, y dejando lo meramente informativo a un lado (sí, por favor), Arsuaga tiene tres virtudes y un defecto: 1. Es un divulgador único, de los mejores, con una capacidad de comunicación única que le ha convertido en la cabeza visible del trío de directores del yacimiento de Atapuerca; 2. Representa a la vanguardia mundial en la investigación paleontológica, lo cual significa que Arsuaga es uno de los científicos más citados en todo el mundo, y sus artículos salen directamente a la revista Science y no a un periódico donde nadie le daría bola; y 3. Es inteligente y sabe vender la moto perfectamente a los oídos de los poderosos. Frases como “Atapuerca es un libro abierto de nuestros orígenes” o “Atapuerca es el yacimiento más importante de toda Europa” consiguen el milagro de los euros y los peces para la ciencia. Cerca de 90 millones de euros sólo en un año para el futuro museo de la zona, y eso únicamente de la Junta de Castilla y León. Su único defecto es que aparte de lo que hace no podría dedicarse a otra cosa: sigue siendo lo que parece, un científico socarrón, prudente y de vuelta de todo que no encandila a las masas, salvo si leen sus libros. Lo sentimos mucho, pero un Arsuaga vale tanto como un millón de obras de teatro, de películas o de recitales poéticos que nada hacen para enriquecer el córtex cerebral. Será en el teatro Caja Duero a las 20.00 horas de mañana. Vayan si pueden, y si no, también. 

Malos tiempos para la lírica – No hay un duro

24 Nov

Corren malos tiempos para el arte de grandes dimensiones. Los teatro líricos italianos, algo así como el Hollywood de la ópera, van a ver cómo el gobierno les recorta subvenciones y ceden la gestión a entidades privadas. Todo esto tendrá dos consecuencias: una, que se acabó el riesgo en las apuestas musicales, con lo que privarán al público de apuestas interesantes; y dos, que cuando el dinero escasea el pueblo no está para veleidades divinas. Es muy posible que a la cultura le ocurra como a la sociedad misma: a tiempos malos, vicios pequeños. Un crítico decía que el auge de determinadas formas de arte en nuestros días están vinculadas con la falta de medios y el desplome de los espectáculos. El despegue del cómic, además de un acto de justicia, sería una respuesta ante el hundimiento creativo del cine, que ha visto cómo sus cabezas pensantes se pasan en masa a la televisión, mucho más generosa a la hora de pagar. A fin de cuentas el cómic es más barato y es reutilizable. Por algo el Liceo de Barcelona retransmite en pantalla grande en los cines sus óperas. Un ejemplo es el interés de los gurús académicos: cuando los intelectuales prestan atención es porque se ha convertido en un filón. Ejemplo, Román Gubern y Luis Gasca exploran en profundidad en el ‘Diccionario de onomatopeyas del cómic’, recientemente editado por Cátedra en su colección Signo e Imagen. Y otro día hablamos del teatro, siempre en crisis pero insumergible, la verdad.

Respeto por la obra – No tanto

22 Nov

“Me sorprende que la gente haya sido tan respetuosa”. Una ciudadana responsable decía esto sobre las esculturas de Manolo Valdés en la Plaza Mayor de Salamanca. No tanto, porque al parecer algún renegado de la civilización decidió “firmar” con un aerosol. Corrieron a corregir el error y limpiar unos bronces con un seguro a terceros que debe ser como la lista de la compra de los Beckham un día cualquiera en Sunset Boulevard. Lo que sí es cierto es que ese hálito de rompepiernas que suele tener el español medio últimamente se ha ido aplacando con las sucesivas muestras de civismo, una vez que la generación de los 40 ha ido cayendo en la edad y la de la posguerra se ha cubierto de una pátina de dignidad que Franco le negó en su juventud. No hay que olvidar que cuando Francia prestó las obras de Rodin para la capitalidad cultural, allá por 2002, hubo que poner policías las 24 horas del día para evitar que siquiera le echaran el aliento. Algo ha cambiado en España, o puede que simplemente el dinero y las comodidades nos hayan embotado. Ya lo decían los viejos sabios estoicos romanos cuando el Imperio se venía abajo: los bárbaros hacen más gala de vida que los civilizados hijos de Roma, anquilosados, decadentes y pervertidos. Igual una pintada no venía mal, bien pensado…