Archivo | octubre, 2008

Sara Baras, el jazz y Halloween

31 Oct


Son cosas que pasan. La misma noche de Halloween, en la que medio mundo finge ser yankee por unas horas y divertirse sin mirar a quién o a dónde, Sara Baras pasó como una locomotora por Salamanca, con su espectáculo ‘Sabores’, justo al mismo tiempo en el que Marc Copland, genial músico de jazz, le dio bien fuerte a las 88 teclas de marfil y sucedáneo en el Auditorio Fonseca. Flamenco y jazz, dos géneros tan únicos y contundentes como minoritarios, porque ya dijimos que la cultura de hoy se forja a partir de gustos y estilos minoritarios que gozan de una buena salud de hierro: porque cuando un gusto es mayoritario se hace blando, soso, pierde originalidad y fuerza porque se estandariza y ya no deja nada a la improvisación. Exactamente igual que Halloween, genial cuando era la fiesta de los muertos y los demonios de los irlandeses, cuando era una fiesta típicamente americana que sólo tenía sentido entre los millones de emigrantes ingleses e irlandeses de las ciudades de la Costa Este de EEUU. Pero al final, es lo de siempre: se puede morir de éxito. El jazz y el flamenco, como son de potentes minorías, sobrevivirán a todo. Por cierto, genial ambos, Sara y Marc, cada uno a lo suyo y con filigranas. 

Gervaise de la Rochelle – Memoria bastarda y republicana

30 Oct

Gervaise De la Rochelle se pasó media vida huyendo, con su diario perfectamente detallado de una vida de la que disfrutó entre botellas vacías, platos vacíos, regiones y ciudades vacías. Porque todo se lo bebió, se lo comió o de todas huyó perseguido por sus ideas. Y sin embargo, en la memoria de los que le hemos leído, en todos está la condición de que el Año 0 del mundo, o al menos a este lado de los montes Urales y del Mediterráneo, empezó el 4 de julio de 1776 y se confirmó el 14 de julio de 1789. Sin vuelta atrás, sin condiciones, sin vaguedades, sin tradiciones: catarsis absoluta para un mundo que se acostó feudal, cristiano y autárquico y se levantó republicano, desconfiado y universal. G.De la R. empezó a correr en 1923 en Italia, a pezuña de caballo del fascio italiano, y no paró hasta el verano de 1945, cuando por fin logró encontrar asilo en Inglaterra, desde donde escribió sus ‘Crónicas Goliardas’. Una vida de republicano estricto, convencido y sin titubeos, de mente fuerte y no débil, marcada igual por la acidez de estómago y de espíritu, el humor y el convencimiento absoluto de que nada en la vida puede tomarse en serio (ni Dios, ni el hecho de existir, ni la familia, ni el amor, ni el odio) salvo la República, la forma de vida, el código moral y las virtudes humanas de los hijos de Roma que son la piedra base de lo que somos. Por eso, esperamos todos, y más aquí, la llegada de la III. Por él, por nosotros, porque 3000 años de historia nos respaldan, porque en Atenas y Roma hubo democracias antes que reyes y emperadores, no lo olviden nunca. 

Texto: Jacob de la Rochelle (‘Memorias de un bastardo mentiroso’, 1966)
PD: recuperado para Corso Expresso después de leer ciertos extractos de las memorias de la Reina. Manda narices las tragaderas de la ciudadanía con determinados parásito de medio pelo sin oficio ni beneficio. 

La serenidad de Massagué

29 Oct


Pasó Massagué por Salamanca con su acento catalán, su serenidad de hombre de ciencia, su tranquilidad insultante al verle afirmar sin cortarse un pelo que “el cáncer será curable o crónico, y por lo tanto gestionable, en esta primera mitad de siglo”. Es posible que Joan Massagué no sea totalmente consciente de lo que supone una afirmación así de alguien que lucha desde hace años contra la peste moderna, mucho más que el SIDA o los accidentes de tráfico o los problemas de corazón. O quizás sí, y precisamente vérselas con el mal más enigmático conocido por el hombre le da esa tranquilidad y fuerza interior para soltar bombas como esa. Sea como fuere, su paso dejó un poso de conocimiento e inteligencia que miles de artistas y creadores encumbrados en torres de marfil no tendrán jamás, por mucho espíritu bohemio o de autor que exhiban o promocionen. Ya lo decía el gran Sebastián Vicente: “Calla, haz lo tuyo y guarda silencio, y verás cómo llegan los mejores halagos, los que te dicen siempre los demás y no tú mismo”. 

La Casa Azul – Kavafis y Beatrix

28 Oct

Kavafis sigue andando bajo la lluvia, esperando el momento de encontrarse. Otro brochazo de un texto que se hace como un cuadro impresionista, que espera un vistazo general recogido por LC en algún futuro cercano. 


“Ojos verdes hundidos en un mar azul que lo inundaba todo. Su silueta oscura, de negro inmaculado, sin apenas imperfección que mellara la tiniebla que la envolvía, se recortaba contra la enésima tonalidad que bañaba la estancia, azul, azul magenta, azul electrificado, azul intenso y perfecto. Sus ojos, sus rasgos repletos de curvas, su pelo recogido en trenzas, el sueño aniñado y lejano, serio, sin sonrisa alguna, intenso, duro, como un puñal clavado entre las costillas para partir en dos el corazón de Kavafis, incapaz de moverse, de no hacer otra cosa que no fuera mirar, dejarse llevar, morir allí mismo un millón de veces y bañarse en ella. Dejó de respirar, de pensar, de ser, simplemente empezó a existir a partir de la imagen de Beatrix ante ella. No amaba, había muerto al verla”.

Érase una vez la London Symphony, el CAEM y un tarado

27 Oct


Pasó como una exhalación la London Symphony Orchestra (LSO) por la orilla del Tormes, más concretamente por el CAEM, con el director Harding como jefe de escena y los dedos ágiles de Imogen Cooper, que llegó, tocó un concierto para piano de Mozart y salió escopetada como toda buena estrella que se precie. La temporada clásica tocó techo con las obras de Sibelius y Schumann que retumbaron desde la platea al anfiteatro, donde Corso Expresso acabó atornillado a la silla entre la indiferencia generalizada. Ya saben todos que el melómano clásico se divide en varios grupos: sociales (que sólo van para que les vean allí y suelen odiar la música), tradicionales (sólo escuchan eso y por lo tanto van como quien camina hacia la misa dominical), pedagógicos (que van porque quieren aprender, porque saben algo de música y llevan también a sus hijos, que acaban dormidos o dando tumbos por la butaca presos de un mortal aburrimiento), emocionales (la clásica les llega al alma, al corazón y les da el calor sensitivo del que les priva la humanidad) y finalmente “tarados”, “freaks de la solfa” o directamente enfermos. Vamos a meternos en este último grupo, todos los del equipo, que de algún lado cojeamos: el arranque de la sección de cuerda es como un latigazo de gusto sobre la piel y la LSO sabe bien cómo darle placer a este último tipo de melómanos, tipos desmadejados social y espiritualmente que dan botes en su sitio del auditorio con determinados acordes y temas, que cambian de postura y a los que se les van las manos entre el silencio y el hieratismo de todos los que le rodean. Tengan compasión, son los mismos que dicen que “Beethoven es Dios” y matarían al que bostezase en su presencia en un concierto. Eso es porque realmente no saben de música. Claro que también son los mismos que luego acunan sus discos de los Rolling Stones… si es que todo se pega. 

Los Imprescindibles de Corso Expresso – Monty Python

26 Oct

Mucho más que un grupo de cómicos ingleses acunados entre los colegios de élite y Oxford-Cambridge. Mucho más que la esencia del espíritu inglés destilado en forma de humor. Mucho más que un grupo que entre finales de los años 60 y principios de los 80 marcaron un estilo de inteligencia, de crítica, de ver la vida. Mucho más que los padres de cintas clásicas como ‘La vida de Brian’, ‘El sentido de la vida’, ‘Los caballeros de la tabla cuadrada’ o la legendaria ‘Monty Python’s Fliying Circus’ que convirtió la BBC en la cuna de la libertad de expresión total. John Cleese, Eric Idle, Terry Jones, Michael Palin, el americano Terry Gilliam y el fallecido Graham Chapman fueron los padres de una forma única de ver el mundo desde la perspectiva inglesa, que inventaron un nuevo adjetivo (“pyntonesque”) y que crearon un mundo personal e inclasificable que ha alimentado a muchos otros grupos británicos, americanos y europeos. Guiños, frases hechas, giros, personajes o simplemente actitudes, todo eso son alimento de mentes que ansían algo más que el humor tozudo y grueso que suele destilarse en España, acostumbrada a la jarana pero no a la comedia inteligente.

Son uno de los grandes productos de Occidente, una de las razones para salvar a esta civilización cuando llegue el momento del juicio final: la crítica social se unía al absurdo, pero con ese distanciamiento y agudeza tan típicamente inglesa que fueron la mejor promoción posible para Gran Bretaña. Porque, como dijo un colaborador nuestro, “cuando vemos alguna película o recordamos algún sketch suyo nos hacemos un poco ingleses”. Cualquier producto suyo es recomendable, y si el consumidor no lo entiende o directamente lo encuentra absurdo, entonces es que el reino pyntonesque no es de este mundo, y usted está demasiado atado a él. “Lo sentimos, pero puede que sólo sea para felices, dichosos y supremos iniciados”, como dijo August de la Rochelle, hijo de Gervaise.

Sobre el negocio de los libros antiguos en Salamanca

25 Oct

Decenas de libros viejos, antiguos, de ediciones que ya no se encuentran, pero también mucha morralla. Eso es lo que habrá en Salamanca hasta finales de mes en la Plaza Mayor con la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, una de las mejores de España por la cantidad de joyas de papel que se pueden vender, pero también una ocasión inigualable de sacar al aire ese stock que jamás se vendió, allá por el 79, o antes incluso. Vivimos tiempos en los que algo, por el mero hecho de ser antiguo, es bueno. Una cosa es vender al lector adicto textos con más de dos siglos y subir el precio a gusto del poseedor, y otra muy diferente mezclar los garbanzos de calidad con otros podridos para poder llenar el puchero. Error, craso error, porque un aficionado nos ha contado cómo compró un pequeño libro de Ambrose Bierce con varios de sus relatos cortos: la edición era de bolsillo, del 89, de papel amarillento y letra diminuta, igual que el talento de su traductor.

La edición era horrible, mal expuesta, sin apenas sangrías, inconcebibles faltas de ortografía y errores gramáticales de órdago. Y aún así le gustó. Le costó 1,5 euros. No está mal, y a fin de cuentas no se puede pedir más por ese precio. Al lado había un tratado de medicina en latín, de 1772, que costaba un poco más: 4.500 euros, y porque su estado de conservación no era demasiado bueno. La pregunta crucial es que si la feria ya ha conseguido que la dejen estar en la Plaza Mayor, fundamental para que sobreviva comercialmente, ¿por qué narices los libreros siguen ofreciendo lo peor de cada casa editorial, la morralla que no pueden colocar entre incunables?, ¿es que no se dan cuenta de que van a terminar por echar atrás a la gente? “Pero claro, es que por un euro…”. Respuesta fácil. Si tanto presumen los libreros de su buen gusto, que lo demuestren, porque después de tanto presionar al Ayuntamiento igual se desvanece el esfuerzo entre tanta tontería de banda municipal tocando pasodobles, tanta exposición barata de fotografía ameteur y tanto niño puñetero pidiendo el Don Mickey de 1988 (sí, había uno, para que vean cómo va el negocio).