Berlín (2) – Potsdamer Platz

11 Ago


Si hay un lugar que ejemplifica como ningún otro la revolución social y urbana de Berlín es la Potsdamer Platz, víctima predilecta de los bombardeos masivos de los aliados en 1945 y que la redujeron a un montón de escombros y de esqueletos de hormigón y hierros retorcidos. Era por definición el lugar más moderno de la ciudad, la primera plaza que tuvo un semáforo en toda Europa y uno de los sitios emblemáticos y preferidos por los berlineses. Luego tuvo la mala suerte de quedar justo en la zona fronteriza del sector americano y el soviético, con lo que se convirtió en un solar abierto y tierra de nadie, desolado agujero emocional y urbanístico que vio cómo la cicatriz del Muro de Berlín la atravesaba sin contemplaciones. Una vez que cayó la pequeña tapia comunista los arquitectos y promotores se lanzaron como tiburones para reconstruir uno de los corazones de la ciudad. 

El resultado es un pedazo de Manhattan en el corazón de Europa, lleno de rascacielos, hoteles, y monumentos, además de un nudo de vías y avenidas que conectan con los otros tesoros de la cudad. En ella o a su alrededor (calle arriba hasta dar con la intersección de la 17 Jun allee y la Unter den Linden) están la Puerta de Brandenburgo, el Reichstag, el Bundesrat (todos pasadas esa intersección), la Filarmónica, la Galería Nacional, el Memorial al Holocausto (más atrás pero en línea recta), el Berlin Casino, el club Adagio, el Grand Hyatt Berlin Hotel,  el edificio de la Deustche Bahn, el Sony Center, la embajada canadiense y muchas terrazas arremolinadas en anchas aceras de seis metros: eso es ahora la Potsdamer Platz, el lugar más moderno de una ciudad que se libera del pasado rodeándolo de acero, cristal y aluminio. Y para botón un ejemplo: mientras comes unos buenos tortellini con verduras en una esquina de la plaza (más posterior capuccino, porque en Berlín los hacen tan buenos como en Italia), a la sombra del DB Building y del Sony Center, observas cómo la policía cierra la plaza al tráfico para que circule una enorme manifestación a favor de la legalización de la marihuana. Y nada de pancartas y tipos con capucha: autobuses y furgonetas, gente en bici y en cada vehículo un dj pinchando para llenar la plaza de música. 

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